¿Sientes tu espalda rígida?

Un alto porcentaje de adultos de más de 40 años sienten su espalda rígida…¿Eres uno de ello?

La tensión física es un indicador del desgaste de nuestro cuerpo. Es la manera que tiene de manifestar cualquier exigencia de una sociedad tan cambiante como la nuestra. El modo en que respondemos y cómo nos adaptamos a estas exigencias interminables, marcan la diferencia.

La tensión de los músculos de nuestra espalda, sostenida a largo plazo, puede generar una contracción de los músculos a lo largo de toda nuestra columna vertebral, uniéndose a la porción superior del sacro. Es la antesala de esa rigidez y  posterior, dolor de espalda crónico  .

Manteniendo un control consciente de nuestro sistema neuromuscular es posible recuperar la flexibilidad y  la adecuada gestión de nuestro cuerpo. Para ello hacemos incapie en la importancia de la capacidad de sentir y así  aumentar la calidad de nuestros movimientos.

¿Alguna vez te has parado a sentir tu espalda más allá del dolor?

El primer paso. Aprender a sentir. Empieza sintiendo qué hay en tu espalda, cómo percibes tus mùsculos.

El segundo paso.  Aprender a gestionar esos músculos hipertensos para liberarlos de la acción de sostener. Es el esqueleto el que sostiene, no los músculos. Ellos nos mueven.

El tercer paso. Aprender a sentir el movimiento de las estructuras de tu cuerpo.

¿Sientes que tu espalda está rígida?

Practicas estiramientos, haces ejercicio y aún así sientes tu espalda tensa y limitada en cuanto a movimiento. De esta manera facilitas la posibilidad de que en un presente o futuro cercano sufras de dolor de espalda.

Sientes que tu espalda está rígida y deseas encontrar la manera de flexibilizarla, ganando libertad de movimiento.

Has intentado muchas veces llegar a tocarte lo dedos de los pies, inclinándote hacia delante, manteniendo las rodillas estiradas.

Y hasta la  fecha de hoy, sigues sin conseguirlo.

La flexibilidad de nuestra espalda no sólo depende de ella misma. Depende de la adecuada relación armoniosa entre:

  • Las piernas
  • la pelvis
  • la cabeza  
  • la espalda.

Por lo tanto, involucra todo tu cuerpo durante el ejercicio. Hazlo partícipe de una manera más sabia y con menor fuerza, aumentando especialmente, tu capacidad de sentir. Ésta es una diferencia muy considerable a la hora de hacer el ejercicio. Conseguimos:

  • Una mejor organización corporal. Ordenar el cuerpo.
  • Una mayor calidad de nuestros movimientos corporales.
  • Como resultado obtenemos una acción mucho más eficiente.

¿Y entonces qué hago?

Para empezar a flexibilizar tu espalda te recomendamos empezar por este sencillo ejercicio que vas a realizar lentamente, sin forzar, sin dolor, muy importante. Y descubre el placer de moverte sin sacrificio. Evitar transformar el ejercicio en un mero estiramiento, suprimiendo los beneficios citados con anterioridad. Realiza el ejercicio con la máxima atención dirigida a las sensaciones corporales que el movimiento despierta en ti. ¡Esto es clave!

¡Vamos a la práctica!

Practica durante toda la semana este ejercicio con sus variantes…Esto te permite descubrir nuevas maneras de usar tu cuerpo, contribuyendo a disminuir el dolor y mejorar el movimiento . Cuando falta variación en cuanto a movimientos surge tarde o temprano, la sensación de falta de libertad y expresión corporal. Se abona el terreno para que las lesiones aparezcan más fácilmente. ¡Así que varía…y alimenta tu cerebro!

Pasa a la práctica, es lo más importante.

1.

  1. De pie, separa un poco los pies e inclínate hacia delante lenta y suavemente.
  2. Deja que tus manos se deslicen hacia el suelo.
  3. Observa hasta dónde llegas sin forzar
  4. Regresa a la posición de partida ( de pie ).
  1. De pie.
  2. Separa los pies a la altura de las caderas.
  3. Flexiona ligeramente las rodillas.
  4. Coloca la mano derecha por encima de la rodilla derecha, sobre el muslo.
  5. Coloca la mano izquierda en el muslo izdo, por encima de su rodilla.

2.

  1. Descansa el peso de tu tronco sobre las manos y empieza a encorvar la espalda. Hunde el vientre y dirige los ojos haci él.
  2. Después arquea  suavemente la espalda, sacando el vientre hacia fuera. Al mismo tiempo, levanta la cabeza y mira hacia arriba.

Repítelo 4 / 5 veces

  1. Idéntica posición. 
  2. Ahora coloca ambas manos sobre la rodilla izda, encima del muslo.

Repítelo 4/5 veces lentamente,  dirigiendo la atención a tus              sensaciones corporales 

3.

  1. Practica el mismo movimiento, esta vez, con ambas manos sobre la rodilla derecha.

Repítelo 4 / 5 veces y descansa.  Observa tu postura de pie.                

  1. De nuevo, de pie, sepáralos a la altura de las caderas y déjate caer de nuevo hacia delante.
  2. Siente hasta dónde llegas ahora con tus manos. Comprueba si ha aumentado el recorrido.       

Deseamos que este artículo te haya sido de utilidad. Y ya sabes…¡A practicar…! Si quieres una transformación es necesario pasar a la acción.

Institut Dinàmic / El Cuerpo Sabio
fisioterapeutas

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